Una comida sin medida (22 de Enero, 2017)

Hoy es el cumpleaños de mi madre, y en honor a eso, me gustaría compartir una de nuestras historias favoritas de familia sobre uno de sus talentos: su capacidad a cocinar.

Fue una de las primeras comidas entre ella y mi papá, como marido y mujer. Ahora usted necesita saber que la familia de mi madre estaba compuesta por los cuatro, todos italianos. La comida era abundante y variada.

En la familia de mi padre, había once de ellos y aunque su padre (mi abuelo) trabajaba duro, no era mucho dinero y la comida era sencilla. Las comidas eran simples y cuando mi abuela hizo el pastel para el postre se dividió en diez – y uno de ellos no recibieron una pieza.

Mamá preparó un espagueti y un postre. Tallarines gruesos de pasta, salsa de tomate condimentada con orégano, condimentos italianos, y otros sabores, albóndigas generosamente repartidas y queso parmesano en el lado para ser rociado en la parte superior.

Poniendo el plato delante de mi padre, ella tenía todas las razones para estar orgullosa de sus esfuerzos.

Así que imagine su sorpresa cuando papá preguntó “¿qué es eso?” Y cuando ella explicó que era el plato de espagueti de su familia él dijo en respuesta “Eso no es spaghetti”

Recuerda que él estaba acostumbrado a fideos simples, con pasta de tomate en la parte superior.

La cena continuó y mamá sacó un pastel, hecho en casa. Colocándola sobre la mesa, ella cortó en cuatro y le dio un pedazo. Una vez más preguntó “¿qué es esto?”. Y para su gran sorpresa, ella respondió “¡esa es tu pieza!”. A diferencia de él, había crecido recibiendo un cuarto de la tarta cada vez que se servía el postre. ¡Incluso más que los espaguetis, esto fue una sorpresa que él podía aceptar!

Tengo una idea de lo que mi madre experimentó, aunque sólo sea por un momento, en esa primera comida juntos. Para una de las cosas más decepcionantes en el cuidado de los que amas es haber trabajado para proporcionar una comida rica, una porción generosa, un regalo que satisfaga las necesidades de la persona que amas … y que lo desprecien, a favor de un bien menor. Como pastor, lo siento profundamente, aun aquí en nuestras comunidades.

Lo escucho a menudo, y de diversas maneras “esto no es fe … iglesia … vida parroquial”. La manera en que celebramos la Misa, la implementación de la formación de la fe, el modelo para nuestro programa de la juventud, cómo hacemos la música, y así sucesivamente. Queremos nuestras propias cosas, nuestro propio espacio, nuestro propio tiempo. Queremos que nuestras viejas prácticas, nuestros grupos anteriores, las cosas de antaño.

Y si no recibimos lo que esperamos, nos quejamos. Contra los sacerdotes, contra el arzobispo, contra la Iglesia, unos contra otros – anónima o abiertamente, privada o públicamente, ¿por qué no me dan fe ?, ¿por qué no puedo tener lo que estoy acostumbrado, lo que me gusta?

Como mi padre dijo: “Esto no es spaghetti”

Pero no es cierto – simplemente no sabemos lo qué es verdadera comida, verdadera bebida.

No había menú en la Última Cena, sino lo que Cristo había preparado: “Tomad y comed todos de él, porque esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros. Tomad y bebed todos de él, porque este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna…”

Hay una broma entre católicos, tal vez lo has oído. Comienza “¿Sabes quién salió temprano de la misa la primera vez?   … Judas.”

Eso pica, ¿verdad? ¿Quién quiere ser comparado con el traidor del Mesías?

Pero, ¿por qué se fue? ¿Qué desalentó a Judas hasta el punto de que renunció al único alimento que le traería salvación? Era que no podía comer lo que quería. Quería un conquistador, un sacerdote guerrero. Judas quería ese plato mejor servido frío: la venganza sobre los enemigos del pueblo elegido de Dios Israel. No podía aceptar la comida que Cristo había preparado para él, y para nosotros.

Lo que tenemos en nuestra Arquidiócesis, en nuestras parroquias no es simplemente una crisis sacerdotal sino una crisis de todos los fieles. El Señor nos está ofreciendo una comida más rica de la que estamos acostumbrados. Es condimentado con el sacrificio de viejas costumbres, es una mezcla de comunidades a las que todavía no estamos acostumbrados, tiene la especia del sacrificio a una voluntad no nuestra.

Pero es abundante, y se nos ofrecen porciones tan generosas que tienen todas nuestras necesidades satisfechas.

No contento con la generosidad de “Tomad y comed”, Cristo ha ido aún más lejos: “Hagan esto en memoria de Mi”, Él dijo. Prepara esta comida para todos los que tienen hambre, para todos aquellos que se han alimentado con comida inferior. Pero ¿cómo podemos llevar esta invitación a otros si nos negamos a sentarnos a la mesa, a recibir el regalo?

En los próximos días, semanas y años, es razonable suponer que nuestra arquidiócesis y sus parroquias seguirán cambiando para adaptarse. Pero la comida, la comida sigue igual. Si hemos de hacer más que sobrevivir, de que debemos prosperar como el pueblo elegido de Dios, primero debemos abrirnos a lo que se ha puesto delante de nosotros.

Si Judas es nuestro ejemplo cautelar, los otros Apóstoles – especialmente Pedro y Tomás, son testigos de la esperanza. Aunque primero huyeron, renunciaron y dudaron del Señor, Su cuidado paciente e invitación finalmente los llevó a celebrar su fiesta con fervor hasta el punto de la muerte.

Quizás también hemos renunciado, rechazado o huido de lo que Dios nos está presentando. ¡Pero aún no es demasiado tarde! El Señor todavía te invita pacientemente a ti ya mí, ofreciéndonos más que un cuarto de pastel, pero una comida extraordinaria, un banquete. Mientras aún estamos con el Señor, aun con nuestras dudas y ansiedades, tenemos la oportunidad de recibir la gran fiesta que Él nos ofrece. Habiendo probado, visto lo bueno que es, todavía podríamos con Tomás proclamar “Mi Señor y Mi Dios”.